Terciopelo color sangre

Me ha parecido ocurrente aquello de terciopelo color sangre para evitar decir alfombra roja lo reconozco. Pero es que esto de los Oscar no va conmigo; no por el cine, sino por todo lo demás que es lo principal, abundante y morboso en galas como las de esta noche.

Me gusta explicar a aquellos que dicen eso de “me gusta (inserte nombre de programa de telebasura) porque me da morbo” la etimología de morbo. Viene del latín morbus/i que quiere decir enfermedad. De ahí cosas como la obesidad mórbida. Es decir, que lo morboso es lo enfermo, no ya en un concepto físico del término, sino en lo que se podría determinar como filosófico o ético: lo morboso es lo que le sobra a la sociedad.

La gala de los Oscar o de cualquier otro premio artístico habitual se ha convertido en un perfecto escaparate para la anticultira y el mamarracheo. Escenario de lo absurdo, la alfombra roja se precia a ser pisoteada con el único fin de salir en todos los telediarios y programas del corazón (o falta de éste). Se junta lo mejor de cada casa para exhibir lo peor de la sociedad actual: postureo. Luego se critican los mejores y peores vestidos, pero cuidadito con lo que dices pues podrías convertirte en villano si tu opinión diverge de la de la masa ingente de likes que reciben las publicaciones de Instagram.

Así va la cosa. Me da igual quién gane la estatuilla, sinceramente. Yo, que no soy ningún experto de cine, sé qué película me ha gustado más y cuál he disfrutado hasta el último segundo en el cine. Los Oscar para quien los quiera; yo prefiero quedarme al margen.