Estoicamente indefenso

No puedo decir que soy practicante del estoicismo, de hecho creo que nadie hoy en día puede llegar a afirmar tal cosa; sin embargo, me considero un adepto, un alumno de esta doctrina filosófica que tanta sabiduría ha regalado al mundo a cambio de nada.

El estoicismo es saber recibir, encajar las cosas tal y como vienen. Digamos que el estoico es el boxeador que no tiene demasiada pegada, pero su resistencia le hace de otro nivel y cuando da, atiza de lo lindo. Ser estoico debía ser algo así como ser sinónimo de buena gente, un tipo carismático que sabía bastante bien lo que se hacía. Marco Aurelio era uno de estos tipos, pero tiene una pequeña excusa: era Emperador de Roma. No todos los emperadores fueron como él por no decir ninguno, pero puede haber detractores de un hombre poderoso que llevaba un modo de vida austero, sencillo y auténtico según su propio criterio.

El presente, es decir, la propia realidad se abalanza continua e infinitamente sobre el tiempo en un devenir que no marca ni un pasado certero ni un futuro seguro; simplemente se mantiene como constante el ahora mismo. El problema, porque de otro modo no estaríamos con estas cosas, es saber qué se hace y por qué. Tan importante es una cosa como la siguiente porque se retroalimentan. Si haces cosas, pero no entiendes por qué, mal vamos; si no las haces, pero tienes motivos para hacerlo, puede que estemos peor.

El estoicismo es un relato de dureza, de realidad; más que un modo de vida se podría decir que es una serie de normas de etiqueta para “saber estar”. Mantener la compostura en tiempos de lo convulso: definición de estoico. Porque cada vez tengo una impresión más arraigada de que es imposible controlar todo lo que te rodea y lo único que puede llegar a ser meramente tuyo eres tú, más por definición que por hechos. En esas estamos. No se trata de ser terco como una mula ni insensible como una piedra tampoco va de ser pasota; la cosa es sentirse bien haciendo las cosas bien. Se debe poseer (o desear tenerlo) un amplio sentido de la moral y basarse en unos principios éticos correctos. El estoicismo no es una deriva del soplapollismo; no puedes actuar bien si te da todo igual. Se debe querer ser mejor persona. Si todo alrededor de uno tiende a lo incontrolable, ¿por qué no controlar lo único que está en tu mano?

Ser o no ser libre, esta es la verdadera cuestión.