Mundanalmente cotidiano

Durante el día de hoy he estado inmerso en varias lecturas con permiso de una visita al centro comercial acompañando a mi hermana, cosas que también se agradecen; uno debe salir de su hermético cuarto convertido en una especie de laboratorio de redacción y cuna del mamarrachismo de vez en cuando.

Durante la mañana me he deleitado con el maestro García Márquez y El amor en los tiempos del cólera. Luego, debido a mi inusual visita al centro comercial, he pasado por la librería y me he gastado el poco dinero que me quedaba en un par de libros: Los Guardianes de Javier Pérez Campos y Cómo ser un estoico de Massimo Pigliucci. Ante la duda, no pregunten sobre las extrañas costumbres de aquí un servidor. Sólo mi madre parece entenderme; hoy le he comunicado el desembolso en libros y me ha contestado algo así como “bueno, si es en libros no pasa nada”. Gracias, mamá.

La chaladura es una patología a la que estoy suscrito desde no sé hace cuánto. En cuanto he llegado a casa, ya comido de fuera, me he puesto a leer con tranquilidad y parsimonia. Hoy le comentaba a mi hermana que hay una cosa (entre muchas otras) que me encanta: no tener prisa. He leído sin prisa, pero sin pausa o tregua alguna para mis ojos atrofiados. Lo bueno de leer en papel es que no tiene píxeles, estás leyendo una realidad palpable cuya impresión es algo material y no etéreo o virtual. He cogido Los Guardianes y prácticamente me lo he acabado. No del todo porque la noche se cernía sobre mi habitación, estaba solo y el miedo comenzaba a encoger mi alma.

Acto seguido he comenzado Cómo ser estoico, un libro que he encontrado en la sección “religión” y bueno, la magia ha hecho el resto. Es un libro interesante que habla, obviamente, del estoicismo como filosofía y doctrina válida para los tiempos que corren. No está del todo mal, la verdad. Sinceramente, he de decir que he disfrutado mucho en este día; creo que necesitaba una descongestión lectora, es decir, ojear libros fáciles de leer, libros que no suponen un esguince mental a cada párrafo que asimilas. Y en esas estoy. No obstante, El amor en los tiempos del cólera sigue siendo mi lectura principal, es un auténtico librazo

Esto es lo que podríamos definir como mundanalmente cotidiano, es decir, algo corriente o común, pero que en su infinidad de normalidad provoca un sentimiento de felicidad a la persona que lo padece, en este caso, yo.