El debate de lo cotidiano

Se suele decir aquello de “el debate está en la calle” cuando hablamos de un tema polémico o cuya exposición pública cotiza al alza. No deja de ser una gran falacia; ni hay debate ni hay calle en la que se opine. Mamarrachadas de quienes son como el Maestro Ciruela que no sabía leer y puso una escuela.

Un debate, bien entendido, no deja de ser una discusión entre oradores que defienden posturas diferentes o contrarias sobre algo. Eso no quiere decir que el debate sea entretenido por antonomasia, pero sí interesante. Un debate es la exposición de dos egos para ver cuál defiende mejor sus intereses en una guerra de palabras, intervenciones y conocimiento. Un debate es el UFC de la gente con aspiraciones intelectuales. No hace falta ser un lince para darse cuenta de que hoy no hay debates y los pocos que existen no se dan a conocer porque no generan un interés entre el público medio y, como consecuencia, no dan dinero.

El dinero se encuentra en lo vulgar, en una casa habitada por una docena de personajes a ver quién es más mamarracho que compiten por llevarse un cheque y el “reconocimiento” de una audiencia plagada de deficiencias intelectuales. Ojo, la audiencia no es tonta, pero no demuestra ambiciones como para corroborar lo contrario. Gran Hermano, La isla de las tentaciones, Granjero busca granja y esposa busca granjero; el despropósito hecho posverdad. Las alimañas roen el tiempo de la gente buscando un punto más de audiencia; se inventan programas nuevos a ver cuál denigra más la condición humana. ¿Qué clase de entretenimiento es ver si Bartola pone los tochos a Juanele? Ya respondo yo: un entretenimiento nefasto, vergonzoso y asqueroso.

No me importa si El Bigotes ha dejado a Terelu o si Cifuentes va a Supervivientes porque ni me va ni me viene. Han convertido el debate público en un escarnio trasparente, en un pozo ético sin fondo, en un despropósito para los sentidos; pero gusta y da pasta. Adelante pues.

Me tranquiliza saber que mientras se emite esa basura por televisión yo estoy en compañía de un buen libro, mi pluma y cuaderno o soñando lo que me deparará el mañana. Les recomiendo hacer lo mismo.