Siempre hace frío en enero

Hay cosas que parecen no cambiar: por la mañana sale el sol, por la tarde se pone; el lunes es el primer día de la semana, en verano hace calor y en invierno hace frío. No en todos los sitios es así aunque nos parezca inaudito: hay lugares en los que hace calor todo el año y otros en los que no se concibe bañarse en una piscina con los rayos del sol bronceando un cuerpo tonificado (o no).

Vivimos en un mundo mutante,pero para mí hay cosas que parecen nunca cambiar y es que en enero siempre hace frío. Todavía no he tenido el placer de viajar al Caribe en nuestro invierno, pero si lo hiciera, también sentiría que sigue haciendo frío en enero. Parece que con el año comienzan las heladas, los temporales, el tiempo de quedarse atrincherado en casa y no salir más que a tirar la basura o al cine. Lo digo porque siempre me ha parecido así. Recuerdo perfectamente cómo nevaba hace muchos años un 29 de noviembre; hice junto a mi familia un muñeco de nieve que se mantuvo hasta casi la primavera. Al pobre ser se le iban cayendo las partes de su cada vez más decrépito cuerpecito inerte, pero ahí se mantenía, como un campeón; porque si en diciembre hace frío, en enero más.

No lo llego a entender, quizá si se piensa fríamente (toma chascarrillo), tiene sentido que en enero haga más frío que en diciembre porque el invierno empieza el 21 del último mes del año; es decir, el borde de las navidades se vive en otoño. Lo que pasa es que aquí, en plena Meseta, el otoño a partir de mediados de noviembre se suele hacer bastante duro. Podríamos decir que el verano se alarga hasta el comienzo de octubre y ahí toma el relevo un raudo otoño que desnuda a todos los pobres árboles de hoja caduca. Cuando termina con su fugaz paso por estas tierras, se presenta un señor con bufanda al que tenemos la amabilidad de llamar invierno.

El invierno y el frío van de la mano: no concibo un invierno sin frío, no tendría sentido en pleno centro de España. Yo puedo llegar a entender que en Benidorm o en las Canarias les mole eso de darse una vuelta por el paseo marítimo en manga corta, pero qué quieren que les diga, yo tengo alma de castellano, me gusta el frío en invierno y el calor en verano. Aquí te congelas en invierno y te derrites en verano, las cosas como son (o como yo las he interiorizado siempre). Mola ver de vez en cuando a algún pobre guiri despistado pensando que venía a un país tropical y se ha encontrado en Madrid a dos bajo cero y sin ropa de abrigo, no nos mintamos. Ahora, también les digo que ellos también se pueden descojonar de nosotros cuando nos ven por el norte de Europa porque allí viven de noche y en el Polo Norte. Nosotros nos reímos del telediario cuando dicen que “hay una ola de calor en Alemania que ha alcanzado los 35ºC” y nosotros nos estamos cociendo a cuarenta y pico. Ellos se ríen de nosotros cuando nos cae una nevadita y se nos colapsa el país. Es algo recíproco que no hace demasiado daño.

Sólo les pido que lo piensen: en enero empieza el año, nos ponemos propósitos y hace frío, mucho frío.