La sensibilidad en tiempos de lo inmediato

Hoy he hecho una visita a mi amigo Fercho para que me solucionara el casco que me crecía en la cabeza a modo de pelo. Tenía tanta cantidad del mismo que se me encasquillaban las ideas y no podía fluir pensando. El caso es que la visita me ha proporcionado la idea para mi artículo de opinión diario.

Me he ido a cortar el pelo y resulta que he aprendido más cosas que en un día de universidad: que si la melanina del pelo, que si el riego sanguíneo, que si tal champú o algo de corte a tijera; una auténtica maravilla. Lo que viene a ser una buena experiencia en toda regla. Eso es algo que Fercho había hecho mucho hincapié en aquella entrevista: en Essential se ofertan experiencias, no un mero corte de pelo. Os puedo asegurar que así es.

Lo que sucede es que cosas como éstas nos impactan, es decir, se salen de lo corriente: todo el mundo va corriendo de un lado para otro, se hacen cosas mal y rápido y no tenemos tiempo para nada. A mí el tiempo no me sobra, pero tampoco siento que me falte: tengo tiempo para lo que necesite. Realizar las cosas sin prisa es sinónimo de hacerlo bien, o, por lo menos, intentarlo. Esas cosas son determinantes, esenciales (como la barbería) para que cualquier persona pueda llegar a tener un mínimo de calidad de vida. No se puede ir como pollo sin cabeza para acabar siendo no ya el pobre pollo descabezado, sino la testa del animal falta de elementos con los que comunicarse.

La sensibilidad es una virtud que poca gente quiere poseer. La sensibilidad es la capacidad de hacer las cosas con cariño porque así nace de ti, no porque hacer las cosas con cariño sea una imposición externa, de este modo no sería sensibilidad, sería otra cosa que no tiene nombre. Cuando se realiza algo con mimo se nota, quizá no en el resultado (o al menos en un principio), pero seguro que en el proceso sí. Cuando las cosas se hacen por un fin distinto al amor o cariño tienen otro tinte que las desmitifica, se vuelven cotidianas, banales e incluso carentes de sentido.

Es fundamental que siga habiendo gente como mi amigo el barbero Fercho que trate a las personas como personas y no como meras citas, números o billetes. Mientras me lavaba la cabeza con un champú que olía francamente bien me he sentido bien tratado. Es una sensación que se requiere tener cada poco tiempo porque el cuerpo y la mente lo agradecen.

Traten de no tener prisa, hacer las cosas con cariño y recobrar la sensibilidad que la sociedad del consumo nos ha borrado; cada vez habrá más gente capaz de pensar en algo más allá de lo inmediato y maloliente, cada vez habrá más personas que vivan de verdad.