Acaba de comenzar el 2020 y ya tenemos una de las mejores películas del año La afirmación puede pecar de arriesgada, pero si se tiene en cuenta el contenido de la cinta dirigida por Sam Mendes, 1917 es un espectáculo para los sentidos.

La película está rodada por completo en un falso plano secuencia. Lo de falso es porque no está rodada en uno sólo, básicamente porque es imposible, pero trata de dar esa sensación. La apuesta es novedosa, sin embargo, se convierte en un gran acierto cuando lo que quieres plasmar en la gran pantalla son la infinidad de trincheras que la Primera Guerra Mundial puso en los campos e Francia, Bélgica o Alemania.

Nada más empieza la película, el espectador se da cuenta de que se encuentra ante una epopeya bélica que le deparará un sinfín de angustias, tensiones y momentos emotivos. La utilización del plano secuencia deja con la boca abierta a todos los reunidos en la sala: desde la imagen de un apacible campo tranquilo e idílico hasta la recreación de las viscerales trincheras malolientes y plagadas de muertos y enfermos van dos minutos de reloj. Y todo este camino se puede seguir gracias a un único tiro de cámara.

Otra gran bondad del largometraje es no caer en los recursos fáciles: típico sentimentalismo bélico, pirotecnia y acción por doquier y sin sentido o camuflar una historia poco trabajada e inconsistente en un mundo sumido en la muerte y los efectos especiales. 1917 es una película de acción con las virtudes del buen cine de acción, pero también de todos los géneros imaginables

A diferencia que me sucedió con Érase una vez en Hollywood, tengo claro que 1917 es una auténtica obra de arte y vale cada céntimo que pagué por verla.