Cuestión de razones

Todo se conjuga en torno a la sensibilidad y no de esa de la que dicen gozar los defensores de la nueva sociedad de la ofensa, ofensores y ofendidos. Me refiero a la sensibilidad poética, a la sensibilidad que nos aporta la frágil y existente vida que surge a nuestro alrededor.

La sensibilidad de la razón, de la comunicación de dos entes entendedores y entendidos a la vez que son capaces de dialogar como seres coherentes en tiempos fáciles para algunos y difíciles para otros tantos. Hacer de la comunicación un punto fuerte es cuestión de razones, no de motivos, sino del raciocinio, de la capacidad intrínsecamente humana para razonar, aprender y enseñar por ese estricto orden.

La debacle de la comunicación parece tener un inicio más o menos definido, pero ignoramos el final porque parece quedar muy lejos. O eres de aquí o de allí; no hay más. Sin embargo, yo creo en la razón, en la sensibilidad y en la historia. No me atrevería a decir que vivimos tiempos difíciles porque me parecería un insulto al pasado, pero sí afirmaría que vivimos en tiempos de idiotas. La tontería copa todos los espacios prime time en televisión y en prensa escrita cada día se leen más artículos que contienen estupideces. Y la verdad es que no sé quién tiene más culpa: el productor de tonterías o el tonto que las consume. Yo diría que comparten pena por igual.

Nos sobran medios y, en muchas ocasiones, tiempo para informarnos de las cosas, pero curiosamente en la época de la sobreinformación aparece la desinformación más absoluta: mientras que en Leteo hablamos de una escalada de violencia en Oriente Medio y tratamos de explicar todo recurriendo a las fuentes originales, los principales medios de comunicación nacionales se hacen eco de las últimas palabras de algún político, supuestas polémicas con el famosete de turno o salen a la calle para preguntar en Gran Vía si la gente hace lista de la compra en rebajas. Todo es cuestión de razones, poder y dinero.

Comenzaba hablando de sensibilidad porque es aquello que mueve el mundo; yo no sé clasificar las noticias entre las de interés público e interés humano porque me parece algo irreal, yo soy consciente de la importancia de la labor que desempeño como comunicador y el daño que puedo llegar a ocasionar si me invento informaciones. Sé cómo debo redactar una noticia, un artículo de opinión y un poemario. Soy consciente de la multitud de cosas que nunca llegaré a saber, pero también tengo en cuenta las que debo narrar. Todo esto es cuestión de muchas cosas, pero es cuestión de razones.