El titular del artículo pretendía ser otro, algo así como “¿Quién corta el pelo al peluquero?”. Pero había varios problemas. El primero es la redundancia; cortar el pelo y peluquero, dos palabras derivadas que no terminan de resonar bien en la misma frase. El segundo es el de la contundencia, el ritmo o la expresión. Si hubiera un verbo específico para decir “cortar el pelo” lo hubiera utilizado, pero resulta que o no lo hay o no se me ocurre. Afeitar y barbero están unidos inevitablemente, pero no existe una conexión léxica evidente entre ambas palabras: me gusta.

El barbero puede afeitarse solo porque yo lo hago. Si yo, un tipo al que las manualidades se le dan tan bien como a un hipopótamo cojo, soy capaz de afeitarme, un barbero podría hacerlo con los ojos cerrados. Digo lo de los ojos cerrados porque es posible afeitarse sin espejo, que sería básicamente lo mismo que cerrar los ojos porque sin este instrumento es imposible verse la cara. Yo me afeito en la ducha, es decir, voy a ciegas. Un barbero acostumbra a afeitar a personas, pero supongo que a quien más veces ha afeitado es a él mismo, a no ser que deje su barba (o ausencia de ella) a cuidado de otro compañero de profesión. Esto plantea muchos interrogantes porque si un barbero no afeita su propia barba puede que no le guste cómo lo hace, siendo ésta la opción menos probable. También puede ser que aprecie el trabajo de otro compañero, que prefiera descansar o que busque sentirse cliente de vez en cuando.

Siempre se me ha planteado una duda: ¿qué sentirá un camarero cuando le sirven a él? Supongo que lo mismo que lo que siento yo cuando me sirven a mí, pero él será consciente de todo el proceso que lleva su plato servido en la mesa. En realidad pasa con todo.

Nunca he afeitado a nadie ni nadie me ha afeitado a mí. No sé lo que se sentirá cuando dejas a otro que haga lo que siempre has tenido como tu trabajo. A ver, trabajo por parecer alguien a quien su familia llegaría a conocer, entendámonos. Siempre solemos decir eso de que “si algo quieres que salga bien, hazlo tú mismo” (o algo así porque soy muy dado a inventarme refranes). Es cierto, si tú eres quien realiza algo, te conviertes en el único responsable de su proceso productivo y resultado final. Si te afeitas y te cortas, mala suerte y ajo y agua. Si te corta un barbero no ha sido por tu culpa en última instancia, sino por la mala praxis de un profesional que quizá no se corte ni su barba.

El barbero es un tipo al que le gusta lo que hace y no sé si se afeitará él mismo, pero creo que de vez en cuando puede ser él quien se siente en el sillón y deje su pescuezo a recaudo de alguien. Todos nos hemos sentido alguna vez así. Yo escribo un artículo y otro artículo lo escribe otro, así funciona esto. Es bueno confiar en gente que tiene buen hacer o, por lo menos, buenas intenciones. No nos engañemos, el mundo está repleto de buena gente. No sé quién afeitará al barbero, pero tengo la certeza de que el barbero seguirá afeitando. Con eso me conformo.