La verdad y la mentira

No tengo claro si la verdad es el contrapunto de la mentira o si la mentira es el paradigma contrario a la verdad. No da lo mismo porque el orden puede alterar el resultado y cuando hablamos de filosofía o metafísica, más.

Decía Platón que hay tres virtudes que caracterizan al hombre: prudencia, valor y templanza. La suma de las tres traía la llegada de una cuarta y más importante: la justicia. Platón no habla pues en primer término de la sabiduría o la honestidad como elementos ineludiblemente humanos y necesarios. Es cierto que el filósofo griego tenía una visión un tanto desapegada a lo que hoy entendemos como normal en cuanto a “virtudes”. Trataba de asimilar cada virtud a una parte del alma (concupiscible, irascible y racional), a las clases sociales y al estado. Platón entero para otro día.

La verdad es un término global que proviene del latín veritas etimológicamente hablando, pero me gusta mucho más la palabra griega que hace referencia a la verdad, aλήθεια (alétheia) que es “aquello que no está oculto”, “lo que está destapado o es evidente”. Me encanta esta palabra y su significado, no sólo por la magnífica resonancia y musicalidad de cada una de sus sílabas (si supiera componer poemas en griego clásico, estaría en todas mis estrofas), sino que también por su maravilloso significado. La verdad es aquello que no se esconde, lo que permanece a la vista de todos y resulta evidente.

El problema nuclear viene de facto en este punto: ¿por qué hay cosas evidentes que son tomadas como farsa y viceversa? La respuesta ni la tengo ni la busco activamente. La verdad se ha relativizado en el posmodernismo y la posverdad. Ya no importa que algo sea verdad, sino que lo parezca; la mentira campa a sus anchas por cada adoquín colocado en las aceras de calles construidas en ciudades imaginarias, levantadas sobre cimientos endebles y falsos. No es el debate de lo correcto, sino de lo cierto.

Los hechos son, por eso se llaman hechos. Orwell podría decir en 1984 que a los hechos que no ocurren se les llamarían nohechos en Nuevalengua. Si algo tiene cabida en la realidad, su verdad es existente. No puede haber ambigüedades o discrepancias sobre algo que ha tenido lugar en un espacio y tiempo delimitado. He aquí el problema de la prensa actual.

En Leteo nos limitamos a ser meros narradores de la actualidad y la vida. No podemos ofrecer una opinión sobre una noticia porque la noticia no merece una opinión. La verdad y la mentir juegan siempre al mismo juego, pero no es necesario ni comenzar a jugar con ellas. Nosotros nos sentamos, observamos, somos testigos de algo y se lo contamos como mejor sabemos hacer.

Lo de divergir sobre hechos tangibles se lo dejamos a los opinadores profesionales; aquí la verdad está en lo evidente y lo evidente es lo que se cuenta.