La quietud en tiempos sonoros

García Márquez escribió El amor en los tiempos del cólera. Yo hoy escribo ésto. El silencio es un sonido más de todo el espectro acústico que pasa, sucede y se reproduce tanto a nuestro alrededor como en nuestro interior. En música suelen decir que son tan importantes los sonidos como los silencios; yo de música no entiendo mucho, pero del silencio, sus causas y consecuencias algo he tenido que aprender.

El silencio da mucho miedo cuando se presenta de imprevisto. No es como un amigo ruidoso que saluda con gritos y gestos estridentes. El silencio viene a tu lado y se sienta a hacer compañía, ni siquiera te pregunta qué tal estás o si te apetecería tomar algo. Hace como que no está justo ahí, donde lo estás viendo. Pero el silencio resiste, ni siquiera se molesta por el malestar que genera. Es como el amigo pesado que se acopla y sabe que no cae bien, pero le da igual porque lo que realmente le gusta es acoplarse.

Un día vino a visitarme cuando yo me sentía muy solo. Estaba prácticamente en el mismo lugar que ahora. Entró por la puerta con un disimulo que yo desconocía hasta la fecha, sorteó cualquier susurro y se apresuró a sentarse junto a mi negro sillón de oficina en el que reposaba mi trasero mientras escribía alguna locura. Miré un par de veces a mi alrededor para comprobar que, en efecto, el silencio se había instalado; había acampado con un par en mi habitación, en mi lugar sagrado para hacer lo que viniera en gana. Pero a la quietud pocas cosas le vienen realmente en gana; sólo permanecía sentado y aguardaba.

Fue así el comienzo del idilio con mi querido amigo el silencio en tiempos demasiado ruidosos. Todo es ruido se vaya a donde se vaya. El ruido de la gente, de música mala, de coches, de niños, de una lavadora o de la tele. El ruido es el silencio de la nada, la quietud de la armonía. Lo verdaderamente bueno, profundo y real nace del seno de un silencio añejo, cosechado con mucho cariño durante mucho tiempo.

Cuidar el silencio es una ardua tarea. No todos pueden o quieren; requiere mucho sacrificio y ganas de aprender a aprender, de entender que nada está dado por sentado en ti porque no sabes nada más allá de tu nombre. Del silencio surgen las más bonitas palabras y los poemas más perfectos. Del silencio nació el “Puedo escribir los versos más tristes esta noche” de Neruda y el “Oh, capitán, mi capitán” de Withman. De un silencio profundo en la noche surgió la necesidad de querer porque con ruido alrededor no se puede ni debe hacer.

Ahora el silencio es un buen amigo que me aconseja bien siempre que lo escucho. Si paso mucho tiempo sin él, acabo por perderme entre tanto banal ruido. Todo era ruido hasta que descubrí el sonido de las flores.

Abran ustedes las puerta al silencio, no le teman y dejen que inunde sus corazones. Él promete no hacer daño siempre y cuando le escuchen de vez en cuando.