Un décimo, dos libros y un periódico

Hoy he cobrado un mínimo sueldo que percibí por mis servicios en una breve experiencia laboral (a disgusto de mis padres que me veían fuera de mi habitación). Me lo he gastado todo en un décimo de lotería de Navidad, un par de libros y un periódico.

Lo del décimo tiene su aquel; la Lotería de Navidad en mi casa es algo así como una tradición. La familia entera queda apostada en los sillones del salón aguardando que el último premio sea cantado. Nunca nos toca, pero nos sigue haciendo ilusión; es como vivir una mañana de reyes, pero cuya ilusión no caduca con el paso de los años. Es más, parece acrecentarse pues al cumplir la mayoría de edad, puedes ser tú quien compre décimos. Así pues he comprado lo que sería mi tercer décimo de Navidad. Ustedes no se preocupen, pues si me toca el gordo aseguro la continuidad vitalicia de Leteo.

Luego he subido la calle y me he topado con una librería que parece haber estado ahí siempre, pero en la que nunca había entrado. Primero he observado el escaparate y después me he dicho “¿tienes algo mejor que hacer?” me he respondido que sí, que debería estudiar, pero bueno, he entrado. La librería es maravillosa, tiene libros de todas las clases y todo tipo de ediciones además de cómics, figuritas y plumas; lo que viene siendo el paraíso para alguien como yo. He estado dando vueltas por el pequeño recinto preguntándome en qué me iba a gastar lo que restaba de dinero. Al final, y no sé muy bien cómo, mis ojos han ido a parar a la sección de historia. He cogido el primer libro de la Segunda Guerra Mundial que he visto: La guerra total, publicado por Plaza Janés del Canal Historia. Luego he visto En defensa de España de Stanley G. Payne y me he dicho “tiramos la casa por la ventana, David”. 29€ me he gastado en ese agradable establecimiento.

A la que iba al coche he pasado cerca de un kiosko. Nunca he tenido un periódico predilecto, me voy guiando por los articulistas y directores, pero últimamente me he aficionado a uno, cuyo nombre voy a obviar. Me he acercado y lo he comprado. 1,70€ para el kioskero y un “buenos días”.

He llegado a casa casi a las doce de la mañana con mis nuevas posesiones. He desayunado leyendo el periódico y después he comenzado a leer sobre la Segunda Guerra Mundial. Así ha pasado mi día, más o menos, hasta que me encuentro aquí, postrado frente a mi ordenador escribiendo mi artículo de opinión diario.

Durante el día, he tenido que publicar varias noticias atropelladamente desde mi teléfono o mandárselas al magnífico grupo de redactores para que me echaran una mano. Pero podría decirse que esto es casi la Paz. Así, con mayúsculas y de buenas a primeras: me he pasado el día haciendo cosas que me encantan como leer sobre temas tan interesantes como la Segunda Guerra Mundial o escribiendo cosas varias; me he encontrado entre las hojas de un periódico y de varios libros, entre las teclas de un ordenador y la pantalla de mi móvil.

Mamá, de mayor quiero ser lo que sea que he estado haciendo hoy.