Por qué una gran tormenta solar es uno de los grandes peligros para la humanidad

Comúnmente, cuando se piensa en amenazas cósmicas para nuestra civilización, inmediatamente se viene a la cabeza asteroides y cometas de grandes dimensiones o, a lo sumo, alguna que otra supererupción volcánica. Sin embargo, nunca se tiene en cuenta un profundo riesgo que viene desde nuestra estrella madre, el Sol: una eyección de masa coronal, o como más se la conoce, una tormenta solar.

Para tomar dimensión de la magnitud a la que pueden llegar ese tipo de fenómenos, se debe recurrir a la mañana del 1 de septiembre de 1859, cuando el astrónomo amateur Richard Carrington detectó “dos manchas de luz intensamente brillante y blanca” que surgieron de la superficie del Sol. Esa misma noche, grandes auroras de color rojo alumbraron el cielo de Europa y América de tal manera que los pájaros empezaron a cantar y los obreros iniciaron sus tareas diarias, creyendo que el amanecer había llegado. Los telégrafos de todo el mundo comenzaron a fallar e, incluso, algunos ardieron (como los sistemas en Pittsburgh y Washington D.C.) y tuvieron que esperar hasta dos días después para volver a funcionar y encontrarse con registros de la luz celestial que azotó la Tierra. Esta serie de sucesos es conocida como el “Evento Carrington”: una llamarada solar con una energía equivalente a 10 billones de bombas atómicas.

Las manchas solares dibujadas por Richard Carrington el 1 de septiembre de 1859. Fuente: NASA.

En febrero de 2012, la revista Space Weather publicó un estudio de Pete Riley, científico senior en Predictive Science (San Diego, California), en donde advierte que “la probabilidad de que ocurra otro Evento Carrington en la próxima década es del 12%”, porcentaje alto pero que no representa ninguna certeza, según el experto. Las consecuencias de un impacto similar al de 1859 serían muchísimo más graves hoy en día, debido a la gran dependencia que la civilización actual tiene con la tecnología y las comunicaciones satelitales. Un claro ejemplo es el apagón que se produjo en Québec el 13 de marzo de 1989, cuando “una tormenta solar mucho menos intensa que la perfecta tormenta espacial de 1859, provocó que la planta hidroeléctrica de la ciudad se detuviese durante más de nueve horas”, lo que dejó a 5 millones de personas sin luz durante ese período en medio del crudo invierno canadiense y provocó daños valorados en cientos de millones de dólares.

La subordinación de la sociedad humana a la electrónica es fundamental para entender el riesgo que representa un impacto electromagnético masivo, algo que nos podría retrotraer en un sólo día 200 años en el tiempo. Un informe publicado por la Academia Nacional de Ciencias, Ingeniería y Medicina americana titulado “Eventos espaciales y climáticos severos: entendiendo los impactos sociales y económicos” expone que la reparación de los transformadores eléctricos de todo el mundo tras ser sometidos por una tormenta solar similar a la de 1859 demandaría aproximadamente 2 billones dólares y muchos años en ser arreglados completamente.

La portada del estudio.

A su vez, los efectos de tal desastre generarían que la situación social se descontrole: saqueos, caída del sistema bancario y pérdida de dinero físico (que pasaría a ser el único que valdría algo), vía libre para la delincuencia y un éxodo masivo desde el paisaje urbano al campo serían algunos casos hipóteticos que se pueden imaginar. Sin distribución de suministros ni servicios básicos como agua ni geolocalización (lo que sería fatal para los aviones comerciales que estén al momento en el aire), sería muy difícil mantener la calma al cabo de unos días.

En 2014, la NASA elaboró un artículo que explica como la tormenta solar “más poderosa registrada en más de 150 años” golpeó en 2012 la posición en la que la Tierra se encontraba hace una semana: “los analistas creen que un ataque directo de una Eyección de Masa Coronal extrema como la que pasó cerca de nuestro planeta en julio de 2012 podría causar apagones de energía en todo el mundo, inhabilitando así todo lo que se conecta a los enchufes de pared. La mayoría de las personas ni siquiera podrían hacer correr el agua de los sanitarios porque el suministro de agua urbano depende principalmente de bombas eléctricas”.

Ante esta situación de vulnerabilidad frente al Sol, algunos países tomaron nota y comenzaron a invertir en la preparación para cuando un evento de esta magnitud llegue a la Tierra, como por ejemplo Estados Unidos y la Unión Europea en 2016.

Los fenómenos cósmicos están, aún, fuera de nuestro alcance de dominación y completo entendimiento. Sin duda, al ritmo en el que el conocimiento de la raza humana avanza, en algún futuro podremos lograr ese objetivo. Pero, mientras tanto, es necesario e imperativo seguir estudiándolos y preparar a la humanidad para los potenciales riesgos que puedan representar.