Caso todo el rato estoy pensando en el origen de las palabras que voy leyendo, escuchando o pensando. El otro día, recordé que estamos en periodo de Adviento, las cuatro semanas antes de Navidad. Mi mente comenzó a funcionad hasta que di con el verbo adecuado. Proviene del latín adventus/us (llegada) que procede a su vez del compuesto de venire (llegar) y el prefijo ad (a o hacia).

Tengo la suerte de estar rodeado de gente maravillosa, pero en ocasiones aparece un ente no deseado en tu camino. Es así, no se puede hacer más. Lo que sucede es que, con bastante normalidad, estos seres aparecen presentándose como adalides de la amistad o el compañerismo. La verdad se oculta de nuevo.

Cuando se oferta bondad, es raro que alguien no la acepte, aunque sea de mala gana. La bondad es gratis, una cualidad que hace humano al homo sapiens. La bondad existe, pero no está en todos lados. Hay lugares carentes de bondad, sitios en los que reina la oscuridad maliciosa y pedante; lugares que son personas.

La misión de la buena gente, por suerte una mayoría, es ser buenos con los demás, pero siempre ha habido y habrá desagradecidos. El bueno y noble no debe necesitar reconocimiento para continuar con su acción: el valor de la buena gente.

El advenimiento de la falacia es algo real, una posibilidad, pero que gracias a millones de buenos corazones jamás llegará a suceder.