China y EE UU comienzan a entenderse

TOPSHOT - US President Donald Trump L shakes hand with China s President Xi Jinping at the end of a press conference at the Great Hall of the People in Beijing on November 9 2017 Donald Trump and Xi Jinping put their professed friendship to the test on November 9 as the least popular US president in decades and the newly empowered Chinese leader met for tough talks on trade and North Korea AFP PHOTO Fred DUFOUR

De un tiempo a esta parte, las naciones china y estadounidense parecían haberse convertido en el perro y el gato. Las dos principales potencias a nivel mundial están destinadas a competir y a tratar de disputarse el primer lugar, que aún hoy en día ocupa Estados Unidos. Como antaño sucedió con la vieja Unión Soviética, EE UU ha encontrado en China, un país liderado por las premisas socialistas pero con una economía de mercado completamente capitalista, su mayor competidor en el liderazgo del plano económico del planeta tierra. Su presidente, Donald Trump, ha hecho en reiteradas ocasiones declaraciones amenazantes hacia el líder chino, Xi Jinping. Sin embargo, este último tampoco se queda corto en cuanto a amenazas y ultimátums.

En el último año y medio, las disputas entre el país asiático y Estados Unidos tienen como tema principal la guerra comercial que estas dos naciones mantienen. El presidente Trump ya había amenazado con subir los aranceles para la importación de productos de origen chino en el mercado estadounidense, medida calificada por la comunidad internacional como “una absoluta barbaridad”. China preveía hacer lo mismo. Más concretamente, Estados Unidos iba a elevar un 15% las tasas sobre cerca de 165.000 millones de dólares en productos chinos, mientras que Pekín tenía previsto hacer lo propio sobre cerca de 75.000 millones de dólares en productos estadounidenses.

El presidente de EE UU aclaró, a través de Twitter, que el arancel que entró en vigor el pasado mes de septiembre sobre importaciones valoradas en 120.000 millones de dólares se rebaja del 15% al 7,5%. Para el resto de productos, por unos 250.000 millones, se mantiene en el 25%. Trump dice que utilizará los aranceles del 25% como palanca en la segunda fase de la negociación. La intención que es la discusión arranque en cuando se firme el pacto.

Sin embargo, ambos líderes han decidido llegar a un acuerdo e imponer una tregua sobre la guerra comercial que tranquiliza al mundo. Sólo 24 horas después de que Washington diera a conocer que Trump había dado el visto bueno al acuerdo, el Gobierno chino convocó una rueda de prensa en la que explicó los detalles del pacto.

Pekín aumentará las importaciones de energía, productos agrícolas y farmacéuticos estadounidenses, además de servicios financieros. Gracias a este acuerdo, los aranceles que ambos países planeaban imponerse mutuamente han quedado en el olvido, además de que irán retirando progresivamente los aranceles ya impuestos durante la guerra comercial. El viceministro de Comercio Exterior chino, Wang Shouwen, ha aclarado que se trata de un pacto mutuamente beneficioso.

Desde Washington, el representante de Comercio Internacional de Estados Unidos, Robert Lighthizer, ha calificado el acuerdo con China de “histórico”. A su vez, ha señalado que desde Pekín se deberán acometer reformas estructurales en su modelo económico y cambios en el régimen comercial en áreas como la propiedad intelectual.

Del mismo modo, en el pacto se ha incluido un apartado bastante curioso: un mecanismo de solución de disputas. Según este, China se compromete a realizar compras sustanciales adicionales de productos y servicios de EE UU por valor de 200.000 millones en los próximos del años.

A pesar de que el conflicto chino-estadounidense, para cierto sector fatalista de la sociedad, solo podía culminar en no menos que una guerra nuclear, parece que ambas naciones comienzan a entenderse, y a comprender que se necesitan la una y la otra para equiparar las dos fuerzas que podrían dominar y destruir el mundo como lo conocemos.