La voz que provoca el eco

Está bastante de moda el decir “nos hacemos eco de la noticia”, pero yo ayer me preguntaba por eso del eco. Podemos definir el eco como la repetición de las ondas de un sonido provocada por el choque con un obstáculo. Para que el eco tenga lugar deben existir varios elementos: un emisor de sonido, el sonido y un obstáculo con el que se topa el sonido.

Si trasladamos la definición a la expresión podríamos decir que para poder “hacernos eco de la noticia” se deben dar los siguientes factores: una noticia, alguien que la publique, un medio en el que la noticia es publicada y alguien que vuelve a publicar la misma noticia en otro medio. Fácil y sencillo. Pero, en ocasiones, lo que parece obvio se convierte en un quebradero de cabeza, sobre todo para los chalados como yo que se preguntan cosas como ésta. Vamos a ver, empecemos por el principio, ¿qué naturaleza tiene la noticia para que alguien termine haciéndose eco de la misma? La premisa es muy clara: la noticia es el elemento nuclear sobre el que se sustenta la trama. La noticia debe ser de interés público (una de las obviedades que he aprendido en la facultad), por lo tanto, si un medio la publica y cumple esta característica fundamental, los otros medios se ven en la obligación moral (que poco de eso queda, por eso fundé Leteo), económica y profesional de publicar dicha noticia para que sus lectores la lean y ellos ganen dinero con la publicidad que sus lectores contemplan.

Hasta aquí vamos bien. Esta dinámica se sigue en todos y cada uno de los medios que se puedan imaginar; de ahí que se citen fuentes: lo que prima es la inmediatez. La inmediatez conlleva ciertas virtudes y problemas graves. Cuando se escribe un artículo, se puede hacer de muchas y diferentes maneras, pero generalmente existen dos: la rápida y la lenta. Escribir un artículo lentamente es sinónimo de suicidio en el mundo en el que nos ha tocado vivir, pero esto cambiará y ustedes serán los mayores testigos. Cuando escribes un artículo rápido lo haces para obtener la virtud de la premura, es decir, para publicar la noticia antes que nadie como nosotros ayer al comunicar que Evo Morales estaba en Argentina; fuimos los primeros en España en publicarlo. Pero aquí vienen los defectos: como se apremia la inmediatez, se descuidan las formas. Es muy común leer artículos con faltas de ortografía de alumnos de primaria, una pobre expresión o información poco contrastada; todo provocado por la prisa.

Que otros medios se hagan eco de ti es casi siempre una buena noticia pues te otorga el primer puesto en cuanto a inmediatez se refiere. Bravo, fuiste el primero en publicarlo, pero y qué. Qué importa que seas el primero en contar algo cuando a los cinco minutos todo el mundo lo va a publicar. No se hacen eco de una noticia, se hacen eco de un rumor que en primera instancia fue algo así como una noticia, no se confundan.

La voz que provoca el eco probablemente no existe. Lo primero porque el concepto de noticia está muy maltratado por los medios en general. Yo conté la historia de mi amigo Fercho y para nadie más que Leteo eso se convirtió en noticia. Ayer fui a clase una hora para nada, eso fue una noticia para mí y mis padres, pero a nadie le importa. Todos los que están leyendo este artículo se han levantado vivos esta mañana, notición: la mayor parte de la población sigue viva hoy. Pues no, no van a aparecer en las portadas de los grandes periódicos. El gatekeeper es un individuo que se encarga de filtrar aquello que no es y es noticia. Por ello, muchos acontecimientos no tienen representación en ningún medio más allá que el perfil de Twitter de algún fulano que cuente sus cosas.

Lo que pasa es que, al parecer, al gatekeeper (algo así como guardador o portero de la puerta) no le interesa un atropello mortal en Guadalajara y sí lo hace la última gilipollez que ha subido Fulanito a Instagram. He aquí el problema. La deriva de la razón a bordo de una cáscara de nuez flotando en el mar de lo ignominioso.

Y no culpemos a los medios, señores, porque nosotros tenemos tanta culpa como ellos. No nos equivoquemos: no nos manipula nadie. Da igual que lo pongas en pasiva: no somos manipulados (lo digo porque a algún iluminado se le habría ocurrido darle la vuelta a la frase y solucionao). Nos dejamos manipular, sí. De ahí los influencers, que no es más que un anglicismo del castellano influenciadores. Gente que se dedica profesional y públicamente a influenciar a miles o millones de personas, pero en qué mundo vivimos, caballeros.

En este disparate de la locura, la voz que provoca el eco no es ni más ni menos que la nada. Las noticias parecen salir de debajo de la tierra, como si fueran champiñones o trufas. Le das un zarandeo a un buen árbol y te caen tres o cuatro noticias pasadas por quinientas mil manos que ya no saben ni lo que cuentan.

He tardado como una hora en escribir este artículo, tiempo suficiente para que se publiquen miles de “exclusivas”. Siendo pragmáticos, este artículo, al igual que todos los otros de opinión, es una exclusiva. Directo de mi mente caótica a mi periódico magnífico. Y todo para que ustedes pasen un gran rato. Ignoro si será periodismo, pero es lo que me gusta hacer.