Huelga General: El pueblo francés planta cara al gobierno

El pueblo francés ha dicho basta a los bandazos de los gobiernos de izquierda y derecha. Los sindicatos y colectivos de trabajadores y ciudadanos escogieron el día 5 de diciembre para iniciar un feroz combate de oposición a la reforma jubilatoria que el ejecutivo francés pretende imponer. Miles de escuelas y colegios están cerrados, universidades bloqueadas, bomberos, empleados ferroviarios, estudiantes, profesores, policías, trabajadores de empresas privadas… más de un millón y medio de personas se han manifestado en París, mostrando la verdadera capacidad de movilización del pueblo.

Al igual que en París, las movilizaciones en ciudades como Marsella, Lyon o Toulouse han sido masivas. Los atascos mañaneros que caracterizan las carreteras francesas se han volatilizado de un día para otro, a pesar del paro promedio de 90% en el transporte público. Durante el día 5, 11 líneas del Metro parisino estuvieron cerradas, y otras cinco funcionaron en horas punta, quedando los trenes abarrotados. Los franceses no fueron a trabajar. Francia pidió justicia y seriedad ante un gobierno que cada vez suscita más dudas.

Jornada de manifestaciones en París, convocadas por el sindicato CGT. (CNN Mundo)

El pulso al Gobierno francés se centra en la reforma del sistema de las pensiones, realmente generoso en la nación, que el presidente Macron está empeñado en emprender. Tras las sucesivas (seis) reformas del sistema de pensiones, el gobierno de Macron tiene ánimos de realizar una séptima. El plan es, según La Vanguardia, “eliminar los 42 regímenes especiales actuales y unificar las condiciones para todos”. En la práctica supondrá, para millones de personas, tener que trabajar más años para asegurarse la pensión a la que ahora tienen derecho o bien renunciar a dinero”.

Tras la feroz respuesta del pueblo ante el plan gubernamental, el ejecutivo se ha mostrado ligeramente flexible, accediendo a retrasar o amortiguar la aplicación de la reforma. Sin embargo, parece que Macron se ha empeñado en llevar a cabo una reforma con la que la mayoría social se encuentra en desacuerdo. Sin duda, no se trata de un buen augurio. Ya conocemos la resistencia del pueblo francés. Quedará ver quién gana el pulso.