Bella ciao: un himno antifascista más allá de Netflix

La mayoría de los jóvenes de hoy en día, en especial los españoles, que hemos disfrutado en V.O de la archiconocida serie “La casa de papel” hemos guardado en nuestro corazón el Bella Ciao. Conocimos este maravilloso himno como un símbolo de resistencia, de desobediencia civil contra una autoridad que no distingue entre la justicia y el deber.

Bella Ciao es para algunos una oda a la libertad y a la vida. Lo hemos adoptado como un nuevo “No pasarán”, como hicieron nuestros antepasados defendiendo del fascismo la ciudad en la que me encuentro escribiendo estas líneas. Para otros, la canción que entonan los atracadores de la Casa de la Moneda y que desquicia a la policía es simplemente una melodía más que ha caído en el pozo del olvido, junto a los singles de Katy Perry y Auryn.

Milicianos italianos antifascistas durante la Segunda Guerra Mundial

Sin embargo, parece que, en Italia, y más concretamente en Módena, va muchísimo más allá.

Pongámonos en situación. Módena, situada a escasos kilómetros de Bolonia, en el norte de Italia. Esta es la región en que la Lega, partido de derecha que reivindica la superioridad de los italianos del norte frente a los del sur, encabezada por el tiburón Matteo Salvini, arrasa por completo con sus multitudinarios mítines y su peculiar discurso.

La Lega se encuentra ampliamente implantada en la ideología de la Italia rica, que comprende ciudades como Florencia, Venecia, Milán, Verona o Turín. En estas urbes, la formación de Salvini arrasa con su discurso populista. En 1996, coincidiendo con sus mejores resultados electorales, la formación defendía la secesión del norte de Italia, bajo el nombre de Padania, rompiendo así la unidad nacional que durante siglos el pueblo italiano anheló y que logró materializar en el siglo XIX.

Durante los últimos años, bajo el puño de hierro de Matteo Salvini, un nuevo talento de la política italiana, el partido ha experimentado un clarísimo rinascimento, abanderando la lucha contra la inmigración masiva y las ayudas a las regiones del sur de Italia, a cuyos ciudadanos consideran inferiores por el mero hecho de haber nacido en ciudades como Nápoles, Palermo o Bari, de un destacadísimo valor histórico y cultural, y sin las cuales Italia dejaría de ser Italia.

Tras haber aclarado los funestos propósitos de la Lega Norte y Matteo Salvini, volvamos a Módena, ciudad del aceto balsamico que vio nacer a Ferrari. El líder se encontraba en la ciudad disfrutando de una cena, antes de comenzar la campaña para los comicios de enero que decidirá el futuro de la nación y sus ciudadanos. Sin embargo, el pueblo modenés no dejó pasar la ocasión de decirle a Salvini lo que pensaba de él, de su partido, y de su ideología xenófoba.

Manifestación de las “Sardinas” con motivo de la visita de Matteo Salvini a Módena

Más de 7.000 personas, bajo el seudónimo de “las sardinas”, se reunieron espontáneamente en la Piazza Grande, a la cual la policía tuvo que trasladar la concentración por falta de espacio, y bajo un diluvio incesante, entonaron al unísono el himno que caracterizó la resistencia antifascista bajo el régimen de Benito Mussolini durante los años previos a la Segunda Guerra Mundial: Bella Ciao. La Piazza Grande vio temblar el suelo cuando las voces unidas de los 7.000 ciudadanos clamaron su visceral rechazo a la mera presencia de Salvini en su amada Módena.

Horas después, Salvini no dudó en calificar a los manifestantes de “imbéciles, de los centros sociales de izquierda y de los nuevos escuadrones”. Por lo visto, el líder de la Lega escuchó alto y claro el clamor de los ciudadanos del norte que tanto ama, a los que no dudó en insultar a la mínima que osaron organizarse y oponerse a sus planteamientos que, por un pelo, no rozan el totalitarismo.

Lo cierto es que el acontecimiento de Módena no ha sido el primer boicot a Salvini. Hace una semana, 15.000 personas se reunieron en la ciudad de Bolonia gracias al llamamiento de cuatro jóvenes a través de Facebook. Sin embargo, el pueblo modenés sorprendió al mundo por la espontaneidad de la concentración y por su resistencia, una vez más, contra la lluvia y la intolerancia.