La finlandesa Sanna Marin será la primera ministra más joven del mundo

Tras la renuncia del Primer Ministro finlandés, el socialdemócrata Antti Rinne, debido a la pérdida de apoyo de sus socios de gobierno, el partido se ha visto obligado a buscar un candidato o candidata que asuma la presidencia del país. Finalmente, la elegida ha sido Sanna Marin, de 34 años, que se convertirá en los próximos días en la Primera Ministra más joven del mundo.

Marin se impuso en una votación de las bases del Partido Socialdemócrata finlandés a su único rival, el portavoz Antti Lindtman, por 32 votos a 29. Por tanto, la exvicepresidenta se convertirá, si obtiene el apoyo del Parlamento finlandés, en la nueva Primera Ministra de la nación, y la más joven del mundo, superando por un año al Primer Ministro ucraniano, Oleksiy Honcharuk. A pesar de no ser aún oficial, el apoyo del Parlamento se considera obvio, puesto que la coalición por la que Marin se presenta posee 117 de 200 escaños.

La nueva Primera Ministra representa el ala más progresista y ecologista del partido, y liderará la coalición de varios partidos situados en el centro-izquierda político. Los analistas prevén que, tras la incorporación de Marin como cabeza del ejecutivo, se lleve a cabo un giro a la izquierda de la política finlandesa. “Vengo de una familia con pocos recursos y yo no hubiera tenido posibilidades de tener éxito y progresar si no tuviéramos un sólido estado de bienestar y un buen sistema educativo”, afirmó en una entrevista a un medio local.

La joven candidata nació en el año 1985, en Helsinki, capital de Finlandia, en una familia formada por su madre lesbiana y su pareja. Por haber nacido de una pareja homosexual, la líder es una ferviente defensora de los derechos de las minorías sexuales, además de los ideales feministas, ya que conoce de primera mano la experiencia incluso antes de que la ley finlandesa reconociera el matrimonio homosexual.

Quedaremos a la espera de presenciar la gestión que realizará Sanna Marin de Finlandia, una nación que destaca por el alto nivel del sistema educativo de sus ciudadanos, además de la calidad de la multitud de servicios públicos y del estado de bienestar, rasgo que caracteriza a los países nórdicos.