El actual presidente de los Estados Unidos Donald Trump está a punto de convertirse en el tercer presidente que se somete a un juicio político en el que el Congreso decide si continúa o no siendo presidente.

Sería el tercer presidente que se sometiera a dicho juicio tras Andrew Johnson en 1868 y Bill Clinton en 1998. Muchos os preguntaréis por el famoso Watergate de Nixon; Nixon no llegó a someterse al juicio porque dimitió antes.

Hay que aclarar todo esto porque el presidente de los Estados Unidos tiene inmunidad legal casi completa y sólo puede ser obligado a dimitir si ha cometido delitos como soborno o traición. Precisamente es de ésto de lo que se le acusa a Donald Trump y por ello se encuentra en esta encrucijada legal y política. Los cargos han sido presentados por Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes. Es éste el órgano que debe definir las acusaciones a las que se enfrentará el presidente. No obstante, los cargos parecen claros: abuso de poder y obstrucción al congreso.

Con lo de abuso de poder se refiere a las acusaciones de suspender el envío de misiles antitanque con un valor de 355 millones de euros a Ucrania hasta que Ucrania abra una investigación a Hunter Biden, hijo de su mayor oponente político para el 2020.

Según cuentan las fuentes, Trump trató de que Ucrania actuara de manera que favoreciera su reelección como presidente en 2020. Trump habría actuado como representante legal de Estados Unidos y habría utilizado organismos públicos con un fin personalista.

Lo de obstrucción al congreso viene ligado a lo anterior. Por lo que se dice, Trump habría obligado a los suyos el incumplimiento indiscriminado de las citaciones para declarar ante la Cámara del Congreso. Todo parece encarrilado para que el impeachment se produzca, pero no hay que confundirse. Recordamos que impeachment quiere decir la imputación del presidente y no su cese. Esta última posibilidad se plantea como lejana o imposible a menos que suceda un auténtico marasmo político que se antoja como prácticamente irreal.

Como siempre, aquí hay bandos, concretamente dos. Los demócratas tratan al proceso como “defensa de la ley pues el primer acto que realizan los miembros del Congreso es el juramento de la ley”, mientras que para los republicanos no es más que “un proceso político”.

Lo cierto es que Trump parece verse con el agua al cuello: primero negó que el cese de envío de armas se produjera, luego lo aceptó argumentando que se trataba de una estrategia para que la Unión Europea y el FMI aumentaran su ayuda al pueblo ucraniano (cosa difícil pues los dos organismos ya han prestado más ayuda que EEUU) y después, tras revelarse eso de “necesito que nos hagas un favor” en una conversación con el presidente ucraniano Volodimir Zelensky dijo que se refería al pueblo estadounidense, no a él ni a su candidatura.

Será en enero cuando el juicio se traslade al Senado, donde hay mayoría republicana. Trump no será destituido gracias a los votos de los suyos al igual que sucedió en los dos procesos anteriores.