Corea del Norte es toda una incógnita a ojos del mundo. Desde los países democráticos, su modelo político, basado en una variante del comunismo denominada “juche”, es denostado constantemente por su carácter de régimen dictatorial, autoritario y personalista. Algunos de los motivos son los siguientes: el culto a la personalidad y deificación de los tres lideres socialistas que han dirigido el país: Kim Il-Sung (el primero de ellos, que según la historia norcoreana nació en el Monte Paektu, el pico más alto del país), Kim Jong-Il, su hijo, y finalmente Kim Jong-Un, su nieto y el actual líder de la nación. Otro motivo es la fuerte militarización que existe en el país, donde el estamento militar posee una gran preponderancia social, se celebran desfiles multitudinarios donde un paso en falso puede resultar fatal, y el líder Kim Jong-Un siempre se encuentra acompañado de los más altos cargos militares del país en sus apariciones públicas. Por último, desde el prisma occidental se sostiene la idea de que en Corea del Norte existe una desigualdad social latente, donde los más ricos (normalmente afines al gobierno) se rebozan en dinero, mientras que una gran parte de la población vive en la pobreza y no pueden permitirse los servicios básicos.

Hasta este punto, podemos asumir con certeza que Corea del Norte es un régimen autoritario basado en una interpretación autóctona de la doctrina marxista, al igual que hicieron en su momento los chinos, los vietnamitas o los soviéticos. Según los medios de comunicación occidentales, más específicamente según periodistas que han visitado el país (siempre escoltados y controlados a cada paso), el nivel de vida es devastador. Únicamente los más privilegiados poseen un coche, bien poseído por la gran mayoría de familias occidentales, las calles están prácticamente desiertas y llenas de monumentos colosales al socialismo, los líderes Kim y el Partido de los Trabajadores. Por no hablar, claro está, de la carrera nuclear que el país asiático mantiene con otras naciones. Por todos es sabido que Corea del Norte posee un armamento nuclear de última tecnología, puesto que el gobierno invierte muchos recursos en dicho sector, y que el líder Kim Jong-Un no dudará en utilizarlo en caso necesario. A su parecer, claro.

El gran monumento de la colina Mansu en Pionyang, representando a Kim Il-sung (izquierda) y Kim Jong-il (derecha), con visitantes haciendo reverencias.

A pesar de todas estas aparentes evidencias, desde el gobierno norcoreano se esfuerzan en desmentir las presuntas mentiras que los medios democráticos difunden sobre el nivel de vida de la nación. El país cuenta con un representante a nivel internacional, Alejandro Cao de Benós, que publica regularmente en redes sociales las maravillas del país que le da de comer. Por si fuera poco, Cao de Benós acudió hace meses al famoso programa televisivo “La Resistencia”, y fue entrevistado por el presentador David Broncano. Todos estos gestos, según la opinión pública, no son más que intentos por parte del gobierno norcoreano de maquillar la verdadera situación vivida en el país: hambre, miseria, represión y tortura.

Hace pocos días, el gobierno norcoreano inauguró una nueva ciudad en la montaña, denominada Samjiyon, que algunos expertos han calificado de “pornografía arquitectónica”. Se trata de una ciudad con estación de esquí, perfectamente diseñada y planificada, que responde a los objetivos de progreso y reurbanización del gobierno central. Cao de Benós, representante ante occidente del país, ha recalcado en Twitter que “el desarrollo socialista es imparable”. Tras la inauguración de la nueva ciudad de Samjiyon, se acaba de abrir al público el centro termolúdico de Yangdok. En Abril se inaugurará otra nueva ciudad vacacional (Wonsan-Kalma) en la Costa Este”.

Samjiyon, ciudad inaugurada por Kim Jong-Un

Para ilustrar la rigidez del régimen norcoreano, les ofrezco el caso de Otto Warmbier, un estudiante estadounidense que viajó a Corea del Norte: como muchas otras personas en el mundo, Otto tenía gran curiosidad por conocer desde dentro el país, por lo que aprovechando que había acudido para estudiar a una universidad de Hong Kong en 2016, decidió hacer una escala en el país. Una vez allí, Otto anduvo por Pyongyang, capital del país, visitando los monumentos más emblemáticos de la ciudad fantasma junto a su grupo. De hecho, existen fotos del joven en las que parece estar pasando un gran viaje. Sin embargo, todo se torció a los pocos días.

Tras haber pasado varios días en Corea del Norte, Otto se disponía a tomar el avión de vuelta a casa cuando dos guardias le arrestaron en el aeropuerto. Sin entender nada, Otto les acompañó. El joven fue condenado a 15 años de trabajos forzados por, supuestamente, robar un cartel propagandístico de una zona restringida en un hotel de la capital. La acusación, para probar la culpabilidad de Otto, presentó un vídeo en el que se veía a una figura borrosa añadir un cartel. Durante una confesión pública, visiblemente afectado, Otto pidió perdón por su acto y agradeció al gobierno norcoreano la oportunidad de poder rogar por su vida. Los que conocían al joven aseguraron que actuaba siguiendo órdenes, y que nada de lo que confesó era cierto. Seguidamente, rompió a llorar. “He tomado la peor decisión de mi vida, pero sólo soy un ser humano”.

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Otto Warnbier, el joven detenido, acompañado de dos militares norcoreanos el día de su confesión

Desde el momento de su detención hasta la fecha de su traslado a Estados Unidos, lo único que se supo de Otto es que había entrado en coma, supuestamente por los abusos y malos tratos cometidos por el gobierno norcoreano, así como por una enfermedad contraída por los trabajos forzados. Por razones humanitarias, el gobierno norcoreano decidió liberarlo y trasladarlo a su hogar, donde murió una semana después.

Este caso ocurrió hace ya tres años, pero aún sigue presente en las mentes de muchos estadounidenses, y en especial en las de Cindy, Fred y Austin Warmbier, familiares más cercanos del joven. La muerte de Otto conmocionó al mundo, e ilustró la verdadera realidad del régimen norcoreano. Según diversas fuentes, la condena de Otto fue motivada por las tensiones entre Corea del Norte y EE.UU, con respecto al programa nuclear del país asiático.

Con estos ejemplos, quedan claramente ilustradas las dos realidades de la nación norcoreana: la del aparente progreso socialista, la inauguración de ciudades, la industrialización y los avances tecnológicos, y la de las detenciones, torturas y condenas arbitrarias y desproporcionadas. Ahora les tocará a ustedes, queridos lectores, decidir cuál de las dos adoptarán como propia. A Corea del Norte, por lo visto, o la amas o la odias.