Sherlock Holmes era un drogadicto

Hombre, el titular es algo tendencioso, para qué nos vamos a engañar, pero es verdad. Sherlock Holmes era un toxicómano de primer nivel. Su adicción era la cocaína inyectada vía aguja hipodérmica. Estos episodios se relatan en libros como El signo de los cuatro o Escándalo en Bohemia. Realmente, poco importa si era o no adicto a sustancias peligrosas porque Sherlock Holmes no es más que un personaje literario, una idea fruto de la mente privilegiada de Conan Doyle. Aquí quería yo llegar. Conan Doyle fue un tipo de extrañas costumbres y creencias, sobre todo promovidas o fundadas por su esposa, aún de más extrañas costumbres.

Bueno, decir que al bueno de Holmes le gustaba de vez en cuando ponerse un poco así, como el que no quiere la cosa, no es ningún delito y no ofenderá a nadie. La cuestión que durante este rato nos debemos preguntar es por qué lo hacía. Es decir, un tipo con una inteligencia descomunal y capaz de resolver cualquier tipo de crímenes necesita drogarse porque hay algo en su aquí que no encuentra. Qué es lo único que no encuentra Holmes. He aquí la cuestión. ¿Por qué se busca una estimulación externa? Normalmente porque hay algo en la realidad que chirría. Podemos llegar a decir sin temor a equivocarnos que llega un momento que a Sherlock Holmes la vida (como dicen nuestros amigos argentinos) le chupa un huevo. Le da igual todo y se pone hasta arriba para estimularse. Necesita más para poder seguir siendo Sherlock y para ello se droga.

En este caso, Sherlock Holmes no busca la evasión, sino que quiere más realidad, busca entretenimiento, aventuras. Esto sucede porque el famoso detective es un tipo muy peculiar, pero lo más normal es que la droga se utilice como método de evasión. Llegamos al soma de Un mundo feliz. Una droga que da miedito; se toma en pastillas o tabletas y la gente vive puestísima en un mundo que da asco verlo. Les da igual: si estás triste, soma para el cuerpo y a otra cosa mariposa.

Me da bastante miedo que esta deriva se generalice, no la de Holmes, sino la otra, la del soma de Huxley. Cada vez tomamos más “analgésicos”: que si vídeos para entretener, cotilleo que no debería interesar a nadie, influencers e influmierdas. Nihil novum sub sole, que ya lo decía el Eclesiastés hace unos 3.000 años, lustro arriba o abajo. Todo parte de la misma premisa, un analgésico, nuestro particular soma.

Por este motivo reivindico la figura de Sherlock Holmes como drogadicto porque él no se evadía, él buscaba algo más allá de la realidad visible, pero en su propia realidad.