El Viejo Fercho: historia de un soñador

Me va a resultar francamente difícil determinar el titular de este artículo, tanto por la historia en sí como por la magnífica entrevista a la que se sometió mi amigo Fercho.

Para ponernos un poco en contexto voy a contaros cómo llegó el nombre de Fercho a mis oídos. Fercho es el propietario de una nueva barbería en Cabanillas del Campo: Essential Hair Room. Como es un pueblo de tamaño mediano, la noticia de la apertura de un nuevo comercio corrió como la pólvora. Y así, básicamente, conocí el nombre de Fercho. Digo el nombre porque no le conocía personalmente hasta que le realicé la entrevista que van a poder leer a continuación.

Sin más preámbulos, voy a dedicarme a transcribir la grabación que realicé durante más de una hora.

¿De dónde viene Fercho, el nombre?

Yo me llamo Fernando, pero así sólo me llamaban mis padres cuando se enfadaban (dice entre risas). Fue cuando me marché a Estados Unidos cuando me comenzaron a llamar así. Allí conocí a una gran persona, colombiana, que fue la que me comenzó a llamar así. Él tenía la costumbre de llamar a sus amigos “viejo”. El diminutivo más común de Fernando en Colombia es Fercho. Así que cuando me tuve que buscar un nombre artístico elegí El Viejo Fercho.

¿Nombre artístico entonces?

Sí, muchos todavía me conocen como “Fer the barber”, pero yo siempre he sido algo peculiar y no quise tener un nombre como el de cualquier persona; elegí un nombre artístico. Mucha gente se sorprende cuando viene a verme por primera vez porque no soy un hombre mayor (comenta entre risas).

Empecemos desde el principio, ¿de dónde eres?

Yo soy de Alcobendas, pero mis padres decidieron un tiempo más tarde mudarse a Cabanillas del Campo. Siempre he tenido la suerte de vivir con mi papá y mamá. Aquí, en Cabanillas, terminé de crecer. Nunca tuve la inquietud de dedicarme a la barbería, pero desde pequeño siempre he tenido la curiosidad de la estética, buscaba diferenciarme de los demás. Mi madre se enfadaba conmigo porque nunca la hacía caso a la hora de vestir para ir a clase, me gustaba ponerme calcetines de diferente color y cosas del estilo. En cuanto crecí, tuve un “problema” con mi pelo. Nunca estaba a gusto con él. Yo me considero una persona observadora y me di cuenta de que a todo el mundo le cortaban el pelo de una manera muy parecida. Finalmente terminé la ESO, no hice Bachillerato y, por consejo de mi madre, hice un módulo de grado medio de fontanería y calefacción que fue como un clavo ardiendo al que aferrarme. Me dediqué a ello durante cinco años de mi vida.

¿Qué sucede después?

Durante esos cinco años sentía como una negatividad en mi vida; no estaba completo. En este entonces tenía 19 años, un trabajo y una pareja. Tenía una vida estable, dentro de todo lo estable que puede ser la vida de alguien de 19 años. En este momento termina la relación con mi pareja y me quedo sin el trabajo. Nada me ataba a Cabanillas, con respeto a mi familia. (Aquí hace un inciso muy grande: “cuando digo mi familia, me refiero a mi papá y mi mamá, el núcleo más interno; con todo el respeto y amor hacia mis primos y tíos. Soy hijo único y para mí los dos pilares más grandes son mi papá y mamá). Yo tenía un amigo que me contó que se iba a vivir a Nueva York y bueno, llegó un día en el que me vi apuntado en el Paro, recogiendo mis cosas del trabajo y vi un anuncio en la tele de Nueva York, la ciudad de las oportunidades. Esto puede sonar mucho de película, pero fue así. Saqué un dinero que tenía en el banco un sábado y compré un billete de avión para la semana siguiente. Cuando se lo comenté a mis amigos algunos lo creyeron y otros no. Yo soy muy cabezón, cuando quiero algo , voy a por ello sin tirarme del barco. Me fui a Nueva York con lo que tenía ahorrado y me fui tres meses a probar, a ver qué me parecía. Nueva York me asustó, es una ciudad que te inquieta, es muy grande y yo en casa lo tenía todo, cosas a las que no les damos valor: una casa, un techo, comida, mi familia… Esos meses pasaron muy rápido e intenté buscar trabajo. Una de mis grandes frustraciones fue el idioma: me fui a Nueva York sin saber inglés. Volví a los tres meses y me marché de nuevo, pero ya no volví. Estuve seis años en Nueva York

¿Qué haces cuando llegas a Nueva York?

Estuve buscando albergues hasta que encontré una casa en un barrio de Queens gracias a una gran persona: Rafael Vinasco. Me ayudó a encontrar una habitación y estuve conviviendo con él durante una temporada. No te voy a mentir, no fue nada fácil. Me asombraba el modo de vida, era como vivir en una película. No tenía un trabajo ni “nada que hacer” en la ciudad. Encontré un trabajo en una cocina pues no necesitaba el idioma. Allí encontré a Rufino: el que fue mi mentor, mi fuente de inspiración; él fue un trampolín que me permitió trabajar en una cocina. Hay mucha gente que lo toma a modo de burla o mofa, pero yo rompo una lanza muy grande a favor de esta gente que se aleja de la zona de confort y lo primero que necesita es un trabajo para ganarse la vida. Gracias a estos platos que he fregado, a este esfuerzo por el que no se me caen los anillos y que volvería a hacer, conseguí estabilizarme en el país, sacarme un inglés bilingüe y estar tú y yo sentados aquí, en mi barbería. En este local yo veo mi sueño que comenzó fregando platos en Nueva York.

¿Qué haces durante el tiempo que trabajas allí?

Allí estoy cuatro años. Durante ese tiempo, Rufino me dio un gran consejo: necesitaba salir de mi zona de confort, a pesar de haber salido ya de mi zona de confort inicial, necesitaba aprender inglés. Tenía un problema porque no tenía dinero para apuntarme a una academia. No podía apuntarme pues casi no me llegaba ni para subsistir. Hablé con él para comunicárselo, no para pedirle un incremento salarial. Ahí comencé a comprender los valores que mis padres me inculcaron desde pequeño. Al cabo de dos semanas me llamó a su despacho, puso un sobre encima de la mesa y me dijo que son ese dinero podía hacer dos cosas: irme a España y traicionar su confianza o apuntarme a una academia. Según salí de trabajar, me apunté a una academia. Rufino es gallego, pero llevaba allí desde los 14 años y hablaba con él es español, creo que se identificó conmigo. A través de ese empujón me di cuenta de que quería progresar, no sólo vivir allí, que era mi sueño inicial. Rufino me dio unas pequeñas alas para saber que podía aspirar a algo.

¿Cuánto tiempo llevabas por aquel entonces en Estados Unidos?

Unos cinco o seis meses. Para que te quede más o menos claro, estaba en el momento que tenía que decidir si irme o quedarme. Elegí quedarme, pero quería hacer las cosas bien. Fui a la embajada tras apuntarme a la academia y comenté mi situación. Les dije que me encantaba el modo de vida y me gustaría quedarme a aprender inglés: me dieron cinco años de visa. Me obligaban a pagar 900$ cada tres meses y cumplir con 18 horas semanales de clase. Esto me condicionaba a no poder trabajar demasiado, siempre estaba muy justo. Lo positivo fue que, al forzarme al ir a clase de lunes a sábado, cogí un nivel de inglés muy alto. Me dijeron que podía optar a un inglés bilingüe. Cuando yo escuché esto, se me cayó la frustración o la manta con el idioma. Hice el examen y conseguí tener el inglés como segunda lengua.

Me sorprendes. En vez de relajarte con tener un buen nivel de inglés, fuiste de cabeza a por el nivel bilingüe.

Soy una persona ambiciosa, ambiciosa para bien, en su justa medida. Soy ambicioso en cuanto a conocimiento. Me dije ¿por qué no ir un paso más allá? Y lo conseguí.

¿En ese momento ya estabas en la sala del restaurante como camarero?

Sí, pero antes tuve que abandonar el restaurante de Rufino para trabajar como camarero en sala. Rufino no tenía sitio para mí en aquel momento y me puso en contacto con un amigo suyo. Ahí fue cuando conocí a Luis Escobar, otra de las grandes personas que conocí en Nueva York. Él me ayudó a aprender todo lo necesario para servir en sala y a perderle el miedo al público. Allí estuve un año y pico hasta que a Rufino se le quedó un hueco libre y se puso en contacto conmigo. Durante todo el tiempo que estuve aprendiendo inglés, unos dos largos años, yo daba a Rufino 25$ semanales para devolverle el dinero que me había prestado hasta que llegó el punto en el que vio mi grado de implicación y me dijo que ya no hacía falta que le diera nada mal. En este tiempo sufrí racismo: los camareros me tiraban los platos y me trataban mal por ser un chaval joven español. Mi papá siempre me decía que no sembrara espino en el camino porque puede que me tocara volver a mí por el mismo camino. Finalmente me hicieron jefe de sala. Yo trataba con otro camarero que me trató fatal, pero yo le traté bien, como si nada hubiera pasado. Ésto le chocó mucho porque ahora yo estaba por encima de él y esperaba un trato denigrante. De hecho, recuerdo una escena como si fuera ayer: cuando nos estábamos tomando una cerveza, él me preguntó por qué yo le trataba tan bien cuando él había sido malo conmigo; yo le contesté brindando por el respeto.

Aquí la historia debe dar un giro, ¿cómo cambias de la hostelería al mundo de la barbería?

Por aquel entonces la vida me cambió un poco a efectos salariales y económicos, mejoró algo. Aquí viene la clave de la historia: conocí a la que ahora es mi mujer. Ella era del Bronx y yo hacía lo posible por ir a verla. Digo esto porque comencé a cortarme el pelo en una barbería de un chico puertorriqueño. Me fascinaba cómo entendían el mundo de la barbería y la importancia que se le otorga al cliente. No fue hasta que llegué a España cuando me comencé a dedicar profesionalmente a ésto. Entonces la vida se nos complicó más: tuve que coger dos trabajos más, tenía tres trabajos. Trabajaba de camarero en el Restaurante Solera, tenía un part time cerca de Central Park y por la noche hacía cócteles. Durante unos cuantos años tuve la sensación de que salía de casa un sábado y volvía otro sábado: de 8:30 a 13:30 iba a clase, tenía unos días en el restaurante español, unas tardes en Central Park y por la noche ponía cócteles. Tenía días en los que llegaba el sábado y me levantaba el lunes. A esto le sumamos todas las tareas del hogar, allí no hay lavadoras en las casas y hay que ir a unas grandes lavanderías.

¿Eso es el ritmo de Nueva York?

Para mí, Nueva York es una ciudad magnífica, es, en mi opinión, la capital del mundo. Te aporta mucho, pero te desgasta mucho también. Es una ciudad en la que no te das cuenta de que el tiempo pasa. Cuando te quieres dar cuenta, ha pasado la vida y no has disfrutado de tiempo con los tuyos. Durante estos seis años no pude ir a visitar a mis padres y pasé mucho tiempo sin ellos. Ésto me hizo cambiar el chip; hay algo mucho más importante que tener un móvil chulo o unas zapatillas bonitas, lo importante es tener a los tuyos cerca y disfrutar con ellos.

Cuando te aficionas al mundo de la barbería, ¿visitabas más barberías?

Sí, yo visitaba muchas barberías. Me gustaba visitar barberías en Queens, Manhatan o en el Bronx, sobre todo en el Bronx. Eran lugares mucho más familiares. Los clientes allí nunca se cortan el pelo de cara al espejo, el espejo es un elemento de ayuda al babero. Ellos mantienen una relación con los clientes, se crea una comunidad o cercanía; si tú tienes cita a las cinco, puedes ir a las tres y media y charlar con la gente. Es algo que aquí no se suele ver, pero que yo estoy intentando transmitir esta idea aquí, en Essential. La barbería es algo que cada hombre y caballero necesita en su día a día, no sólo en su día a día, sino en la relación con la gente; esa confianza de “a ver qué me cuenta hoy Fercho”, eso lo encontré en Estados Unidos.

Tienes toda la razón. En Cuba, que he podido visitar este verano, sucede lo mismo, pero yo tengo la sensación de que se ha perdido esta relación en España durante el tiempo.

Me encanta que hagas este comentario. Hace tiempo, los hombres iban a la barbería para fumar su cigarro y hablar con sus amigos. En este sentido, las mujeres han sido muy inteligentes porque han mantenido sus salones unisex. Sin embargo, los caballeros se han ido alejando de esta relación. Gracias al movimiento Hipster, hace unos diez o doce años, comenzó a cobrar importancia el cuidado del caballero. Yo he escuchado comentarios del tipo “pero si yo soy un hombre, para qué me vas a hacer estas tonterías”. Creo que un dulce te puede empalagar, pero no amargar. Gracias a este movimiento, la barbería tiene cada vez más importancia. Sigue habiendo la peluquería en la que te cortan el pelo de manera rápida, pero por suerte, hemos creado la cultura de la barbería en la que existe un diagnóstico del cliente, análisis de la imagen, genética capilar… Estáis empezando a dar valor a esos cortes más personalizados, trato cercano, sugerencia de venta de productos. Vamos a tocar madera para que todo esto siga así. Ojalá pueda seguir ofreciendo todos estos servicios en Cabanillas y que los clientes no necesiten irse a Madrid para recibir este trato.

Yo llegué a un punto en el que creí vivir en Un mundo feliz de Huxley, todos eran iguales. Me alegra mucho que exista gente como tú que recomiende a la gente y que ofrezcan algo válido fuera de las tendencias actuales.

Esto me lleva a un siguiente punto. Cuando volví con mi mujer a España quise profesionalizar mi situación como barbero y así, con el impulso constante de mi mujer, decidí apuntarme a una escuela de barbería. Cuando decido tomar este curso en una escuela de Madrid, me dan una beca por mi implicación que consistía en quedarme con ellos por si podría llegar a ser formador. Mi vena docente estaba perdida, me interesaba mucho el pelo, pero no sabía que el transmitir la pasión que yo tenía podía llegar a llenarme más que cortar el pelo. Con el paso del tiempo conseguí hacerme jefe de barbería en esa escuela. De nuevo intento llegar al último peldaño que podía alcanzar. Me di cuenta de que me apasionaba transmitir a la gente que este mundo es algo más que un corte de pelo.

Esa última idea se nota muchísimo en Essential desde el momento en el que se entra por la puerta. ¿Qué sucede después de todo esto?

Gracias a mi esfuerzo, al sacrificios de mis papás y al apoyo de mi mujer pude crear Essential, mi gran sueño. Hubo un momento en el que comenzó a surgirme una inquietud; yo formaba a gente y visitaba luego sus barberías, pero me faltaba algo, quería ser ese barbero. Decido poner en stand by mi etapa como docente y ampliar mi zona de confort. Yo me considero bastante creativa en mi oficio, pero me faltaba un detalle muy importante: el lado clásico. Investigué las mejores barberías de Madrid y encontré dos: Mala hierba y Malditos bastardos. Me puse en contacto con uno de los creadores de Malditos bastardos y me ofreció crear una nueva barbería juntos: Malditos bastardos 4. Me asustó el proyecto, pero precisamente esa sensación de “inquietud” o miedo ya la había vivido antes. En esta situación, lo bueno siempre supera a lo malo. Decido dejar la escuela y apostar todo por la barbería, me hago encargado y estoy llevándola año y algo. Llegó un momento en el que me vi con las manos atadas y comenzó mi frustración de nuevo. Este es el momento en el que decido comenzar a emprender por mí mismo. Ya había tenido mis experiencias anteriores, pero nunca había emprendido. Aquí me gustaría hacer un inciso porque yo, cuando comencé en la escuela en la que me formé, cortaba el pelo en el garaje de mi casa a modo de práctica. Tuve algunos problemillas de índole legal, pero lo cierto es que yo cortaba el pelo a las personas que querían ponerse en mis manos para que yo practicara. Hay un dicho que me repito todas las mañanas que dice así: practice makes perfect. Yo necesitaba sentir poner en práctica todo esto. Cuando todo este tiempo pasó y yo decido emprender y redirigir mi vida me doy cuenta de dos detalles. Cabanillas es un pueblo, pero un pueblo que está creciendo mucho; aquí ya hay peluquerías femeninas y una barbería, pero muchos jóvenes se iban a cortar el pelo a Guadalajara y Madrid. Esto me llevó a una conclusión final: después de estar tanto tiempo lejos de mi familia, teniendo tanta gente que me apoyara y teniendo la oportunidad de ofrecer algo bueno para los demás; monté Essential.

Claro, detrás de cada decisión hay un análisis, ¿verdad?

Yo podría haber terminado en la escuela y abrir mi negocio, pero te voy a explicar por qué no lo hice. Me gusta caminar sobre seguro, no me gusta correr muy rápido para parar de inmediato. Cuando yo salí de la barbería en la que trabajaba, hice un estudio de mercado. Quise saber lo que no había para que la gente tuviera que buscarlo fuera. Quise convertir esas carencias o defectos en las virtudes de Essential.

Esto es fundamental porque no estás señalando defectos a los demás, no tienes enemigos y no buscas una guerra.

Voy a hacer un comentario. Yo he abierto Essential con todos los ahorros de mi vida desde que tengo 16 años. He vendido mi coche y he tenido que pedir unos créditos. Hago esto públicamente porque estoy recibiendo muchas críticas o comentarios en los que se dice que he venido aquí para fastidiar a los demás. El caso es que cuando quieres crear un negocio o poner en marcha un sueño lo haces por ti y por los tuyos, no mirando por el mal ajeno. Simplemente he tratado de ofrecer algo diferente en el pueblo donde me he criado. Essential, además de ser una barbería, yo lo he llamado Essential Hair Room porque es un sitio en el que se trabaja el pelo. Pero si nos ponemos un poco más profundos, Essential es un lugar de asesoramiento y lo tengo dado de alta como un centro de formación para poder dar mis cursos. He querido ofrecer un espacio donde el cliente, que es el protagonista, como el cabello vayan de la mano y descubran que desde que se entra hasta que se sale, se preste no sólo un servicio o un buen trato, sino una experiencia.

¿Consideras la barbería un arte?

Los barberos antiguamente hacían más cosas que cortar el pelo y la barba: sacaban muelas y extraían sangre entre otras cosas. Yo siempre llevo colgado un barber pole de mi cuello, es el significante de la barbería. Realmente, para mí, la barbería, es algo esencial y un arte. Me gusta dar valor a todo lo que se hace; todo lo que se realiza a mano es arte. Todo lo que conlleva un esfuerzo, un estudio y una ejecución es arte. ME considero profesional de la barbería, también formador y a día de hoy puedo decir con orgullo que he estado doce años sin vacaciones para invertir en formación y ofrecer una experiencia. Yo tengo dos secretos fundamentales: el primero es que, una vez has terminado de saber cortar el pelo y montar tu parte administrativa, hay un peldaño que todo el mundo olvida. Es por ello que yo tengo una cristalera en Essential, el primer secreto es trabajar con elegancia. El segundo lo he dejado caer en otras preguntas; el arte del barbero no es sólo ejecutar un buen corte de pelo con un buen resultado final, es la experiencia de ese corte de pelo.

¿Por qué la gente debería venir?

Creo que todo el mundo debería tener la oportunidad de descubrir qué significa una experiencia por encima de un servicio. Creo que la gente debería tener la oportunidad de probar una experiencia independiente del resultado final.

Así concluye una magnífica entrevista que Fercho me brindó la oportunidad de poder realizar. Creo que no hay nada que matizar pues él mismo se dedicó a dejar todo bien claro. Lo único que puedo hacer es dejar su Instagram, el de Essential, su número de teléfono: 949408502 y su correo: info.essentialhr@gmail.com

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