El irlandés ni emociona ni es trepidante

La tendencia de glorificar a directores, actores, guionistas y productores sólo por el trabajo realizado en el pasado está en alza en el mundo del cine. Aquí tenemos un ejemplo de lo más claro con El irlandés, la cinta que prometía y que se quedó en eso.

Scorsese es un genio, en eso estamos de acuerdo, pero El irlandés no es su mejor obra y ni de lejos el resultado final se puede tildar como obra maestra. La mera observación del reparto ya obliga a echarle una ojeada a la película; la presencia de Robert de Niro o Al Pacino dota al largometraje de prestigio aun sin ver el resultado final.

Nos encontramos frente a una historia de gangsters, mafia, asesinatos, explosiones, traición y tiros. Muy en la línea de Uno de los nuestros (película también sobrevalorada a mi parecer). Aquí la cosa comienza a flaquear; la cinta cuenta la historia de un repartidor que acaba siendo sicario de la mafia casi de la noche a la mañana: falta verosimilitud. Y no será por falta de tiempo porque la duración completa es de 209 largos minutos que se hacen interminables

Las actuaciones están bien, dentro de la buena línea de los actores, pero el rejuvenecimiento digital no logra del todo su efecto. Sí, Robert De Niro se ve joven, pero está torpe como él solo. Es un detalle que se puede pasar por alto y tampoco pasaría nada, pero ya que estamos se dice.

La trama avanza tortuosamente, como si se estuviera arrastrando por el lodo en un día lluvioso; la cinta parece no tener fin. La narrativa me parece bien ideada, fundiendo el pasado con el presente hasta hacerlos uno. Vale, lo aceptamos como innovador y sugerente. Pero de ahí, a las casi cuatro horas hay un trecho.

Lo más inquietante es que no hay nada sobresaliente, nada brilla o destaca y es un aspecto fundamental teniendo en cuenta la gente que está detrás de este proyecto: todo correcto, nada fascinante.

He leído por ahí maravillas del final; qué queréis que os diga, a mí tampoco me pareció cosa de otro mundo, entona con la lenta decrepitud que alcanza la narración, ágil como un gorrión de mármol.

En fin, no soy de dar nota, pero esta película no pasa del 7. Si queréis pasaros cuatro horitas preguntando qué estáis haciendo con vuestra vida, os la recomiendo; de otro modo, no os perdéis nada, perdéis vuestro tiempo.