Los asquerosos de Santiago Lorenzo

El libro que te da ganas de mandarlo todo bien lejos.

Nunca he sido defensor ni consumidor de los libros de autoayuda, por eso no los leo. Suelo hacer casi todo así, pero siempre se me acaba escapando algo. Los asquerosos es el libro que la gente de costumbres similares a las mías debería leer hoy mismo. 


Desde el título hay algo que descuadra porque así se ha querido. Los asquerosos resulta de la plasmación en una novela de un ideario colectivo que jamás se atrevió a aventurarse más allá de la mente de sus poseedores. Vivimos en el asco, como lo hace Manuel, el protagonista de esta pseudohistoria que sobrevive en un pueblecito a base de lo que el pueblecito le ofrece. Manuel encuentra en Zarzahuriel su Arcadia, el lugar en el que todo en lo que se basa todo acaba por desaparecer en favor de lo aparentemente anodino. ¿A qué se debe un cambio drástico? A muchos supuestos que en la novela se reducen a uno sólo. Un miserable acontecimiento que sirve como detonante de lo que se podría considerar como una vida más allá de la repugnancia.


Los asquerosos no son unos individuos determinados a los que todos sabemos distinguir a la legua, se trata de una convención, un eufemismo para tildarte de lo mismo de lo que te burlas. Y es así. La novela vira entre la tragedia y la comedia de límites insospechados. Creo que jamás me he reído más leyendo un libro. Santiago Lorenzo retuerce los límites del humor inteligente creando páginas enteras de complejas referencias a asuntos tan destornillantes que acabas por ceder. El autor utiliza recursos que hacía mucho que no veía utilizarse con tanta maestría: desde vocablos inventados al reduccionismo circense que describe a un Manuel en metamorfosis.


El antihéroe es el protagonista de la novela. A pesar de que durante la mayor parte de la historia se nos presenta como el lazarillo del S XXI, pero sin picaresca, malicia ni suerte final del mismo, Manuel resulta por ser un cabroncete encubierto. No es que sea pasota, sino que busca algo que no quiere buscar y eso siempre resulta por malograr al sufriente. 
Manuel no es Thoureu en el lago Walden. No le interesa lo más mínimo el nombre del árbol que crece al lado de ese otro. Manuel no es naturalista, ecologista, o tontista. Resulta ser un tipo que lo único que quiere es vivir, vivir lejos (de todo(s)) y bien. Esto implica cosas como alejarse de los asquerosos que plantean cuestiones ontológicamente existencialistas pues si el asqueroso reside en mí ¿dónde quedo yo?


Cuestiones que se plantearían los asquerosos.